EL JUDEOCRISTIANO CULTURAL
Educado en familia católica, y enseñado en la doctrina de las Escrituras, aún siendo agnóstico en materia estrictamente religiosa, no me despegué ni un poco de las enseñanzas bíblicas. Al contrario, la Biblia es mi libro favorito y creo que debería ser estudiado y leído por todos por lo menos una vez en el camino de nuestra vida, ya que destila sabiduría incluso en sus escritos más particulares.
¿O cómo piensan ustedes que, aún con tropiezos, la Humanidad ha progresado? ¿Acaso dejando su pasado y sus valores atrás? No señor. Algunos tontos dirán que sí, pero lo cierto es que hubo hombres de juicio, que aunque obsesionados con perfeccionar la condición de los hombres, nunca dejaron atrás ni olvidaron los pilares en los que se apoyaba aquel progreso. Ya el genial Alexis de Tocqueville (1805-1859) lo había comprendido muy bien, dándose cuenta que: "Cuándo el pasado ya no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad".
Por eso, el Cristianismo, la religión que se formó en torno a Jesús de Nazaret, tiene no sólo el alto valor de haber magnificado el amor altruista (el más elevado tipo de amor), sino también de haber universalizado las nociones de misericordia, sacrificio, caridad, tolerancia, justicia, libertad y libre albedrío a cada persona sin distinción de raza, sexo, religión, nacionalidad o etnia. La luz de Occidente es el mensaje de la ética cristiana, que le da plenitud al ser humano y lo hace ser algo más de lo que es, casi cómo alcanzara lo más elevado a lo que puede llegar. Frente a imbéciles pseudo-pensadores de corte posmodernista que odian esta bella religión y la critican estúpidamente, esta se muestra indiscutiblemente cómo la base por la que la civilización occidental avanzó y progresó tanto en comparación con otras.
A pesar de lo anterior, y cómo dice el título de este artículo, mi amor no sólo está reservado a la religión de Cristo, sino también a su noble predecesora: el Judaísmo. Esto se explica principalmente en que, cuándo me enteré de las atrocidades nazis a los judíos durante la oscura época de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y siendo consciente de la cantidad de persecuciones que estos han sufrido a lo largo de la Historia, se llenó de mí una simpatía con los hijos de Abraham que nunca me ha abandonado. Inteligentes y hábiles por naturaleza, predecesores del capitalismo por sus nociones de ahorro, acumulación y comercio; y sumamente interesantes filosóficamente, creo yo que son acreedores del respeto público, y aún con matices, forman parte de la formación y realización de Occidente junto a su vástago cristiano.
Por todas estas razones es que el Judeocristianismo, junto con la filosofía griega, es la robusta columna en la que se sostiene la cultura occidental, de la que la mayoría de los habitantes del Globo somos hijos y consecuencia de ella, tal y cómo yo lo soy en lo cultural.
Atte. Facundo Arrambide.

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